El señor Alfonso relata el rescate de su hija de 14 años, mientras espera afuera del ministerio público de Atizapan de Zaragoza. Es lunes 23 de julio  y ya anocheció. Acaba de llegar de carretera, de recuperar a su pequeña, se mantiene alerta y de pie. No ha dormido casi nada en los últimos cuatro días, desde que el policía judicial de apellido Cabello lo llamó por la tarde del jueves: estaba listo el papeleo para ir a buscar a los sospechosos de habérsela llevado, quienes tenían un domicilio en una zona remota del estado de Oaxaca, casi en el límite con Veracruz. 

Cuando recibió la llamada, el señor Alfonso estaba en Acapulco, trabajando (desde que se habían llevado a su niña tres meses atrás, el 28 de abril, había dejado de trabajar por buscarla, así que el dinero escaseaba). Dejó todo y se trasladó inmediatamente a su hogar, en San Nicolas Romero, Estado de México. Ese mismo viernes por la noche, sin haber dormido, partió rumbo a Oaxaca con el comandante Luis Mario Cabello y dos policías más. 

Llegaron a la capital del estado el sábado por la mañana. Las autoridades locales les advirtieron que era peligroso subir solos, ya que la gente de la zona desconfiaba de los fuereños; se ofrecieron a acompañarlos y juntos reemprendieron el camino rumbo a Piedra de Amolar, a unas cuatro horas de la ciudad de Oaxaca.

Piedra de Amolar es una comunidad empobrecida  del municipio de San Miguel Soyaltepec, y alberga no más de 2 mil personas, en casas desperdigadas por el cerro, de las cuales la mayoría tiene piso de tierra. En los censos oficiales, se considera que todos los hogares de Piedra de Amolar son indígenas y es relativamente alto el nivel de analfabetismo. 

Llegaron cuando ya había anochecido. Todo estaba oscuro, no había lámparas en las calles de terracería. La casa que buscaban era de las primeras, pero tenían una fiesta, "y luego luego  la gente empezó a alborotarse". Los lugareños vieron el carro y les pareció sospechoso, por lo que comenzaron a salir de sus casas, algunos corrieron al cerro. Los policías decidieron retirarse. 

Regresaron  a la mañana siguiente. Eran muchos policías y llevaban armas largas. En cuanto se acercaron a la casa, un joven salió corriendo rumbo al cerro. Abrieron la puerta del único cuarto de tabique (las demás construcciones eran de madera), y ahí encontraron a Amayrani dormida, con otra niña, probablemente la amiga con la que sus vecinos la vieron por última vez, antes de desaparecer. 

PARA QUÉ LA BUSCA

Unas horas antes de que llegue su esposo Alfonso con su hija Amayrani, la señora Norma relata cómo en el ministerio público de San Nicolás Romero un agente  le había recomendado que dejara de buscar a su hija de 13 años (Amayrani cumplió los 14 mientras estaba desaparecida): "está en la edad en la que se van", le dijo a la atribulada madre. "Algún día regresará llena de chamacos". 

Por suerte, explica, pocos días después fue transferido el comandante Luis Mario Cabello, quien actuó inmediatamente cuando la familia recibió una llamada anónima: Un hombre que no quiso dar su nombre dijo que vio a la niña subirse al auto de una mujer y su hermano, originarios de una comunidad de Oaxaca. 

Tres días después, el comandante Cabello, el señor Alfonso y dos policías más ya estaban en el camino. La madre explica que, por lo que alcanzó a entender, la señora que tenía a su hija se escudó diciendo que ahí en Oaxaca todavía se acostumbra robarse a las niñas, y que los jovencitos se comprometen y se casan desde los 10 años de edad. 

Alrededor de las ocho y media de la noche, por fin llega Amayrani. Madre e hija se abrazan, lloran juntas hasta que un policía las arrastra al interior del mp. Me pregunto si, cuando la pequeña decidió seguir a su amiga el día en que desapareció, sabía que no vería a su mamá por tanto tiempo. 

El sábado 28 de abril, Amayrani, quien tiene problemas de audición y lenguaje, salió a una fiesta en su colonia. Esa misma noche llamó desde su celular a sus papás y les dijo que estaba en casa de su amiga, pero que no sabía bien a bien dónde se encontraba. Al día siguiente hablaron con un joven que aseguró que no se preocuparan y que luego les llevarían a la niña. 

El lunes por la mañana, dijeron que les llevarían a la niña a un lugar llamado San Pedro. Después cambiaron el punto de reunión. Más tarde, enviaron un mensaje de texto en el que amenazaban: si seguían buscándola, entonces sí le harían daño a la pequeña. 

Por fin ha terminado el papeleo en el Ministerio Público. Amayrani va a  casa, no sabe que sus hermanas y tías han adornado todo el lugar para darle la bienvenida. 


Para leer el inicio de esta historia: "El lunes le regresamos a su hija" 
* Publicado el 31 de julio de 2012 en El Universal Gráfico.